El modelo de democracia vigente es el único posible

El concepto de democracia mediante representantes instaurado en la sociedad se basa en que elijamos unos representantes en el parlamento para delegar en ellos la parte de soberanía individual que corresponde a cada ciudadano. Para elegir el representante más adecuado, éste tiene que demostrar previamente, mediante su programa político, que su forma de entender lo que es mejor para nosotros coincide con la nuestra, y por ello, depositamos nuestra confianza, en forma de voto, una única vez cada cuatro años.

Los partidos mayoritarios y los medios convencionales presentan este modelo de democracia como el único posible, y las elecciones como la “gran fiesta de la democracia”. Pero ¿cómo actuar después, en el día a día, cuando no se está de acuerdo con el representante una vez elegido, o si éste traiciona nuestra confianza haciendo lo contrario de lo que ha prometido?

Esto demuestra que cuando se eligen representantes, existe un chantaje en el que se nos obliga a tomar una única decisión, que sólo conlleva a desvincular la voluntad de los ciudadanos respecto de los representantes. No es de recibo que, por falta de verdaderos canales a través de los cuales la ciudadanía pueda levantar su voz más allá de las elecciones cada cuatro años, la opinión del pueblo soberano no pueda verse reflejada en las decisiones políticas que toman nuestros gobernantes.

Por todo ello, para acercarnos a tener una democracia de verdad, más allá del simple voto periódico, es necesario instaurar mecanismos que aseguren la participación activa y responsable de los ciudadanos en los asuntos públicos que resulten de su interés. Además, también debe haber mecanismos donde la ciudadanía pueda tener la iniciativa a la hora de proponer cambios o mejoras en cualquier materia que considere oportuna, así como poder llevarla a cabo.

 

Grupo de Trabajo de Política a Corto Plazo

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